miércoles, 26 de mayo de 2010

Vida de estudiante capítulo 1: El frigorífico


Ahí está. Cada tarde. Cada vez que necesito dormir. Cada vez que me apetece estudiar sin ponerme los tapones. Todas esas veces, hace acto de presencia: el frigorífico. Más concretamente, su zumbido asqueroso, eterno, incesante y diría que hasta maloliente, y eso que, hasta la fecha, un zumbido no huele a nada. ¡Pero cómo lo odio!


Es parte de mi vida estudiantil, y es que en la resi donde vivo tenemos un pequeño frigo en la habitación...y lo dicho: ¿Que necesito dormir porque al día siguiente las prácticas me esperan temprano? ¡Zumba! ¿Que mi concentración es pésima y desaparece ante el mínimo sonido? ¡Zumba!


Así que sí, lo odio. A pesar de que me refresque de vez en cuando con agua helada. A pesar de que gracias a él haya coca cola fría que me despegue de los brazos de Morfeo en esa hora crítica que es la sobremesa...



PD. Justifico esta desaparición repentina y extensa con eso que llaman "evaluación continua". Tengo muuuucho que contar, escribir, pensar, reflexionar; pero poco a poco, que junio, a pesar de la susodicha, viene cargadito...


martes, 2 de marzo de 2010

Kamikaze

Será genética (a mi madre le encantan los días lluviosos), o será por la obligación de tener que quedarme encerrada estudiando, pero cuando hay lluvia cayendo soy de las que se emboba y abre la ventana para escucharla y aspirar ese olor a tierra mojada. Me parece, sencillamente, mágica. Hoy, de hecho, al mirar hacia el foco de la pista de atletismo, parecía purpurina. Me inspira, me alegra, me relaja, me adormece.


Y a veces me parece kamikaze. Hoy no es el caso, pero a veces ocurría que...


...El agua no paraba de caer.
Llovía como nunca lo había hecho, el cielo no temía esta vez hacer públicas sus penas. Llovía como si fuese lo normal en el lugar, como si no quedase más remedio. Con violencia, rematando a las hojas que aún agonizaban sobre las aceras. Belicosa, en guerra con una nieve que quería quitarle protagonismo; acabó con ella: triste final verse arrastrada tras suplicarle en el tejado. Ansiosa, como cuando se derriban los muros y se funden, por fin, los cuerpos. Bruja, hace del adoquín su particular caldero mágico en ebullición. Kamikaze, se lanza al vacío sin más certezas que darse de bruces contra un suelo sucio. Pervertida: viola cada molécula de oxígeno, cada partícula de un aire demasiado cargado de mentiras a medio inventar y verdades contadas a medias.
Mentira.
Todo mentira. Como la nieve de porexpán que el escaparatista coloca de forma milimétrica tras el vidrio empañado de algún triste escaparate.
Todo mentira excepto las mejillas sonrosadas, exhibiendo una pizca de vida. Y es que no sé si sería por llevarle la contraria a los alarmistas, pero el viento gélido cortaba hasta las ideas, congelaba la espuma de un mar cansado de ser testigo de sus tristezas. Se colaba travieso entre los cristales rotos de las farolas, aullando invencible.
Los inviernos eran más inviernos que nunca, más que ningún invierno en sus veinte años.

domingo, 28 de febrero de 2010

Rayos y truenos

Mientras las noticias hablaban de "La Tormenta Perfecta", yo he vivido la mía particular en dos semanas en el servicio de Radiología del hospital. Me ha gustado más de lo que pretendía (y digo pretendía porque había eliminado automáticamente las clínicas de este curso de mi lista de posiblidades de trabajo futuras). Me gusta porque representa bien aquello de "una imagen vale más que mil palabras", y porque ahora puedo reconocer órganos en las ecografías, cuando al principio, como dijo el doctor Casado, "aquello era como una pelea de negros en un túnel".

Tormenta porque, ¡rayos y truenos!, el examen práctico es de los más temidos del curso. Parte de culpa la tiene la mirada asesina del doctor Cros, que parece ser que es de los que echa la "crus" a los alumnos y trata de hacerles el examen imposible. Pero entre tanta lluvia de fin de temporada invernal, un rayito de sol: Cros no nos examinó. Así que tras un intenso estudio (incluyendo el volver a la mesa tras la cena, cosa que no suelo hacer -ya os explicaré por qué-) y un buen puñado de nervios en mi sufrido estómago, llegó el viernes. Fue el primer examen oral de mi vida. Primera sala, doctor Juliá: arcaicas placas, una de tórax y una UIV que, haceos a la idea, ¡era tan grande que al principio solté la burrada de que eran asas yeyunales! Segunda sala, Casado y su risa burlona con un TAC y unas ecos sencillitas.
Esta mañana, los resultados: aprobada.


Y yo tan feliz :)

martes, 16 de febrero de 2010

Efectos secundarios

...Será una especie de masoquismo intrínseco, un qué sé yo que me lleva siempre a subir las cuestas más empinadas, a caminar descalza por un sendero plagado de vidrios rotos, porque si no no me explico cuál es el estímulo que me lleva siempre a elegir la opción más difícil.


Sí, debe ser algo así, porque aún paso a propósito por delante de ese café tan viejo y encantador, y sobre todo tan nuestro, donde entre café y café nos comíamos con la mirada. Porque me sale solo el preguntar por tí a la gente; me contestan que prácticamente no has vuelto a pisar por aquí, pero que eres feliz. Siempre lo fuiste...Cuanto más te quería, más me daba cuenta de que, muy a mi pesar, mi tristeza siempre sería el borrón de tinta en tu trazado impecable, la nube gris que se cruzaba en tus amaneceres siempre azules.

Y sí, porque sigo rebuscando entre esas cajas nuestras tonterías, las entradas de algún concierto en el local más recóndito de la ciudad, las fotos cursis que yo odiaba revelar porque siempre salía embobada mirándote, pero que eran tan nuestras...Parte de esa rutina que estaba, sin embargo, llena de aventuras, y que era querernos. Nunca fui amiga de la monotonía, pero repetería un trillón de veces esos momentos en que hacíamos que las tardes pasaran del gris al caramelo. Cuando que la lluvia nos calaba hasta la médula y nos daba exactamente igual, porque entonces me agarrabas la mano y echábamos a correr para mojarnos algo menos,para llegar al portal y sonreír empapados. Cuando me mentías piadosamente al salir del cine; te miraba de reojo en la sala a oscuras y siempre veía escapar de tus ojos alguna lágrima, y después tú lo negabas.

Lo bueno es que despacio, muy poco a poco, cada día despertarme y que no estés al lado con el pelo revuelto duele un poco menos, pero ahí vuelve cada febrero a rascar las heridas y recordarme que, en el fondo, lo único que deseo es volver a encontrarte al pie de aquella escalera. En tu prospecto no indicaban los efectos secundarios, nadie me advirtió de que podría sufrir tal síndrome de abstinencia.

domingo, 14 de febrero de 2010

Happy Valentine´s Day

"Para algunas personas, de forma inexplicable, el amor se apaga. Para otras, el amor sencillamente se va. Si bien es cierto, por supuesto, que el amor también puede encontrarse, aunque sea sólo por una noche. Sin embargo, existe otra clase de amor, el más cruel, aquel que prácticamente mata a sus víctimas. Se llama amor no correspondido. La mayoría de historias de amor hablan de personas que se enamoran entre sí, pero, ¿qué pasa con los demás? ¿Quién cuenta nuestra historia? La de aquellos que nos enamoramos solos, somos víctimas de una aventura unilateral, somos los malditos de los seres queridos, los seres no queridos, los heridos que se valen por sí mismos, los discapacitados sin plaza de aparcamiento reservada. Sí, estáis viendo a una de estas personas".



The Holiday (Vacaciones)

jueves, 11 de febrero de 2010

NO seré patóloga

Porque donde me dicen que hay una tiroiditis linfocitaria de Hashimoto, yo directamente veo a Hashimoto peinado con un tupé y llevando un pollo. Ésa, y otras manifestaciones de imaginación hiperplásica similares.


En serio. Estaba emocionadísima la semana pasada cuando empezamos la rotación (triste rotación, por cierto; por el Servicio de Anatomía Patológica hemos pisado un día). Entre esa masa rosa y llena de puntos, ¡sí!, ¡podías darte cuenta de que había un tumor, o una cicatriz! Además hemos tenido la suerte de estrenar un escáner de preparaciones, con lo que no hace falta dejarse los ojos en el microscopio, sino que moviendo la ruedecilla del ratón te plantas en 40x en un plís.


Pero tanta célula me aburre.

Y que ciertos patólogos se crean los reyes del mundo, menosprecien a sus compañeros ("los destrozos que hacen los cirujanos maxilofaciales..."), y crean que los estudiantes sólo empollan histología y marcadores tumorales ("¡Porras!, ¡estáis más verdes que la hierba en primavera!"; sí, un señor con cincuenta años puede llegar a ser así de cursi/pedante-), me hierve la sangre.

Así que no. La Anatomía Patológica no se hizo para mí.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Heat´s Wars: La tecnología contraataca

Tengo un extraño idilio con el calor. Bueno, mejor dicho, con los calefactores. Ese pequeño aparatito de retorcidas resistencias naranjas que sopla y ronronea suave y cálidamente a mis pies mientras estudio.
Es una relación amor-odio que mantenemos hace años; sin su sonido ( y a pesar de mis tapones en los oídos) me resulta difícil concentrarme. Pero este calefactor mío debe ser bastante romántico, y, como tal, no estar de acuerdo con San Valentín. He decidido, temperaturas gélidas en la calle mediante, darle mucho mucho amor en estas fechas…Le he demostrado tarde tras tarde que no puedo vivir sin él, ¡y ahora va y me deja!
Lógicamente, me ha dejado helada, y además no se ha conformado con abandonarme y dejarme tiritando y rodeada de jerséis cual cebolla; no, no, él tenía que vengarse. Ayer dejó de darme su calor y se volvió tremendamente frío, y hoy...Hoy, en mi proceso de reconquista, ¡se ha vuelto loco y me ha lanzado chispas verdes como si de un maleficio se tratase!

Así que he decidido que ni amor, ni San Valentín, ni leches. Y mucho menos idilios tecnológicos; que hoy ha sido el calefactor, pero quién me abandonó la semana pasada fue mi portátil. Tecnomundo cruel...